A principios del 2010, nació Miradas Cómplices como una bitácora de notas, relatos de viaje, reflexiones y fotografías que,quizás, encuentren vuestra complicidad.

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miércoles, 22 de octubre de 2014

Otoño pero de 1963

Justo cuando yo nacía allá, bien al sur, cerca de la Patagonia argentina; André Kertész volvía junto a su inseparable cámara a su ciudad adoptiva, París. Corría el año 1963 y despuntaba el otoño en Europa.

Paris, 1963 © André Kertész

De esa forma, vagabundeó durante semanas por sus calles, recordando viejos momentos de entreguerra, lugares, sensaciones, bares, amores fugaces. Y así, sin la presión de un encargo fotográfico tomó, nada más ni nada menos que unas 2000 fotografías en blanco y negro y unas 300 diapositivas a color que por esos insospechados azares de la vida quedaron guardados en un cajón de su viejo archivo.




25 años después de su muerte, acaecida en 1985, esos negativos y positivos fueron redescubiertos y luego de una cuidadosa selección, la editorial Flammarion publicó: André Kertész: París, Autumm 1963 que contiene 59 fotografías y unos textos explicativos más algunas miniaturas de sus fotografías a color.










Los dejo con el siguiente video.




Hasta el viernes!!


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lunes, 20 de octubre de 2014

Vámonos!


Emulando el road movie de Jack Kerouac, el fotógrafo francés Bernard Plossu realizó un extensa aventura bohemia y romántica con su cámara por todos los rincones de México en 4 viajes entre 1965 y 1981.




Más de 300 fotografías de esos vagabundeos por tierras mexicanas se podrán ver en un gran libro recopilatorio: ¡Vámonos! Bernard Plossu in México que Aperture junto con la Fundación Televisa publicarán en los próximos días.











Recordemos que la salida del libro coincide con la primera exposición individual de Plossu en el Museo de Arte Moderno de México que estará abierta al público hasta principios del 2015.




Los dejo con dos entrevistas: una, realizada Paula Kupfer, editora de Aperture Magazine y otra, confeccionada por la gente de hoyearte en el siguiente  video. 




Hasta el miércoles!!


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viernes, 17 de octubre de 2014

La pura emoción


La fotografía de calle es pura emoción. Y también es la forma más pura de hacer fotografía. Ya que el único tema del fotógrafo es la calle en sí misma y cada imagen responde a esa incertidumbre del momento llevado por el disfrute de encontrarte con una imagen deseada y, en definitiva, con la esencia fotográfica.
 Yo siempre digo que es como la filosofía. La práctica de la fotografía de calle construye la base de la fotografía documental: el saber estar en la calle, el estar atento ante cualquier situación, el tener todo preparado en la cámara para captar bien la fotografía, el ser discreto; de todo ello me nutro como un fotógrafo urbano.
En mi línea personal, a mi me gusta transformar cualquier escena cotidiana en algo surreal, en algo extraordinario. Quizás mucha culpa de todo ello tuvo,  el  haber descubierto el trabajo de Ernst Haas, o Saúl Leiter.

© Saul Leiter

© Ernst Haas


Y más cercano en el tiempo, por ejemplo,  los coloristas de Magnum como Gueorgui Pinkhassov, Harry Gruyaert o Alex Webb.

© Harry Gruyaert

© Alex Webb


Esta línea o escuela  fotográfica fue dejando, con el tiempo una huella visual subliminal en mi propio desarrollo en la fotografía de calle.

Bilbao

Me estimularon tanto a explorar otro tipo de composiciones, a sentirme más a gusto con el uso del color y a sugerir  más que denotar que su influencia fue útil en mi trabajo. Pero principalmente me transmitieron la emoción por realizar una fotografía bien hecha y lo difícil que es lograrlo, y lo complicado que es transmitirlo.

Girona

  
Apelando a esa emoción con mayúsculas, fui armando un proyecto, aún en curso, llamado Colores Humanos en donde deseo reflejar toda esa conmoción visual que me provoca captar la vitalidad urbana en cualquier espacio público que recorra, apelando a perspectivas diferentes, a los claroscuros, a las enigmáticas sombras, a los reflejos inverosímiles, carteles, bodegones encontrados. Todo ello se descubre en compañía de la luz, el gran protagonista.

Sevilla

Por eso, cuando imparto un taller de fotografía de calle trato de transmitir todo ese sentimiento a los participantes y el que me transmitieron los maestros. Y no sólo para poder compartirlos, sino también para ejercitar la autocrítica, valorar la edición entre todos de una manera horizontal y constructiva y revalorizar aspectos intrínsecos de esta práctica fotográfica.
Todo ello suma, te otorga un plus cualitativo y así afrontar con emoción ese auténtico manantial de posibilidades visuales que se abre al  fotógrafo atento al devenir de las calles.





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miércoles, 15 de octubre de 2014

Hay que mirar más a los grandes



© Jeff Jacobson
Luego de varios talleres de fotografía de calle,  impartidos durante los últimos tiempos,   he llegado a la conclusión que, en general,  a los estudiantes o entusiastas de la fotografía les falta algo muy importante:   mejorar y cualificar la composición de sus imágenes para no repetirse.

© Mark Cohen

Y creo que lo primero que hay que hacer es aprender  a “leer” a los grandes maestros de la fotografía. Y paralelo a ello,  no tengan temor en practicar y  mucho y a equivocarse y mucho. Además de recibir críticas constructivas o asistir a talleres donde puedan aprender un poco más.  Ese es el camino en la búsqueda de una buena fotografía. Ese es el secreto.

© Walker Evans

No alcanza con saber sobre programas de post producción o tener la cámara más moderna o que tenga más megapixeles. Hay que tratar de entender como  hicieron fotografías los más representativos de esta práctica fotográfica que es tan antigua como la fotografía misma.


© André Kertèsz

Y esto lo digo sin ánimos de ofender a nadie  en estos tiempos tan visuales que nos toca vivir donde todos tenemos cámaras,  donde todos podemos publicar nuestras fotografías en cualquier red social. Pero los que queremos de verdad a la fotografía, debemos pararnos un poco,  y reflexionar hacia dónde vamos ya que siento que todo este tsunami de imágenes trae consigo mucho más ruido que fotografía. Y hay que estar muy atento para encontrar “una aguja en el pajar”.

© Sergio Larrain

Pensad los que les digo: vayan a una biblioteca y llévense de préstamo algún libro de  Francesc Catalá Roca, Joan Colom,  Robert Doisneau, Brassai o Cartier Bresson… o el que más les apetezca. Hay para todos los gustos.  Y siéntense tranquilo en el sofá de casa con ese libro de papel (no de pixeles) y desgranen sus imágenes, fíjense que objetivos utilizaron,  que velocidad de obturación o diafragma aproximado emplearon para realizar la instantánea, piensen el porqué de la elección de las composiciones.


© Gueorgui Pinkhassov

Estoy convencido que este ejercicio visual con buenas fotografías les ayudará a encontrar nuevos motivos, nuevas perspectivas para sus composiciones en la calle. Y luego si, a realizar muchos paseos fotográficos!
Recuerden que desde el 5 al 8 de diciembre realizaremos un taller de fotografía de calle en Porto junto con Jordi Beltri (Calle 35).

Libros recomendado
La visión fotográfica:curso de fotografía para jóvenes fotógrafos de Eduardo Momeñe. (Es un saludable libro donde el autor menciona un montón de fotógrafos de todas las épocas y lo que Momeñe propone es que comiencen a familiarizarse con esos nombres para investigarlos después,  ya sea por Internet o en una biblioteca).



Robert Frank
Hasta el viernes!




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lunes, 13 de octubre de 2014

La pintura, un punto de inspiración hacia lo extraordinario

En reiteradas ocasiones, hemos hablado en Miradas Cómplices de Edward Hopper como una influencia capaz de dirigir la agenda de temas de una generación de fotógrafos documentales liderados por Diane Arbus, Lee Friedlander, Robert Frank o William Eggleston.

La traición de las imágenes (Esto no es una pipa ) 1928 29 . Los Angeles, County Museum

También me he referido a que la pintura de René Magritte impulsó, de una manera conceptual, al trabajo inicial de Harry Gruyaert.


© Harry Gruyaert

Los escenarios surreales de las pinturas de Magritte despertaron en Gruyaert ciertas inclinaciones por buscar escenas como suspendidas en el tiempo y reinterpretar la realidad basado en un buen juego de luces y líneas arquitectónicas.
Y como si se tratara de un efecto dominó, la obra de Giorgio de Chirico, en especial su período metafísico entre 1908 y 1914, fue una decisiva influencia para Magritte y muchos artistas contemporáneos al gran pintor belga. Además de algunos caminos más personales de la fotografía.

Gare Montparnasse © Giorgio de Chirico

El pintor italiano nos introduce en un ambiente que parece verosímil, pero que en verdad no lo es. Da la sensación que son como espacios congelados, donde no pasa el tiempo.

La conquista del filósofo 1914  © Giorgio de Chirico


Aunque su pintura metafísica intenta retonar la pintura figurativa del renacimiento, donde está muy presente la representación con perspectiva y profundidas; la búsqueda de escenarios misteriosos y fantásticos son los puntos diferenciales de su obra en donde los seres humanos parecen estatuas o meras sombras. 


© Giorgio de Chirico

En ese contexto de onirismo y congelación en el tiempo, la obra de Chirico transmite un sentimiento de vacío, soledad y cierta melancolía que tiene muchos puntos en común con los temas que evocan las pinturas de Edward Hopper.

Morning Sun 1930 © Edward Hopper

 Algo de todo ello pensó Irina Kulik, profesora del Instituto de Arte Contemporáneo de Moscú que, en septiembre del año pasado, realizó una conferencia en donde comparó la obra de Chirico con la de Hopper. Se titutó: Similitudes disimétricas y fue organizado por el Garage Center for Contemporary Culture de Moscú.
Hasta el miércoles!!


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miércoles, 8 de octubre de 2014

Obligado a ser espontáneo, mínimo e improvisador

Siempre comparé a una buena fotografía de calle con la emoción capturada de un poema atemporal. O también lo encontré en la improvisada y espontánea alegría de un saxo alto (mi instrumento preferido) en una jam sesión.


© Saúl Leiter

Con el tiempo descubrí que menos es más; que sugerir es mejor que denotar; que con sólo un verso se puede transmitir esa emoción tantas veces perdida y encontrada; que un fraseo inspirado puede instalarse para siempre en nuestro corazón.


© Ernst Haas

Algo de todo ello pensaba el pianista Bill Evans que junto a Miles Davis, Cannonbal Adderley y Coltrane crearon una pieza sublime, minimalista del “jazz modal”. Me refiero a Kind of Blue (1959) cuyos temas fueron creados por uno o dos acordes que mantenían largos períodos de improvisación. Algo así es mi forma de entender la fotografía de calle.


© Ray Metzker

Con respecto a todo ello, deseo contarles una pequeña historia.
A finales del siglo XIV llegó a Japón desde China, de la mano de monjes budistas Zen, un tipo de pintura que los japoneses denominaron “suibokuga” que también era espontáneo y mínimo.

© Gonzalo Juanes

El artista “tiene que pintar en un pergamino delgado extendido con un pincel especial y pintura negra de acuarela, de tal manera que un brochazo forzado o interrumpido destruirá la línea o atravesará el pergamino. No son posibles los borrones ni los cambios. Estos artistas deben practicar una disciplina específica, la de permitir que la idea se exprese a sí misma en comunicación con sus manos de forma tan directa que no puede interferir la deliberación” señalaba Evans a la revista Down Beat a fines de la década del ’50 del siglo pasado.


© Sergio Larraín


“Las pinturas resultantes – prosigue el pianista – carecen de la composición de la composición compleja y las texturas de la pintura convencional, pero se dice que aquellos que saben ver, encontrarán algo capturado que escapa a cualquier explicación. Esta convicción de que la acción directa es la reflexión más llena de significado, en mi opinión, ha inducido a la evolución de disciplinas extremadamente severas y especiales como son las del músico de jazz o improvisador”.



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lunes, 29 de septiembre de 2014

El espíritu de Hopper en Alex Prager

Fotograma del cortometraje Despair (2010) Alex Prager

Mezclando arquetipos de la América de posguerra o  películas clásicas de Hollywwod, la joven  fotógrafa y cineasta, Alex  Prager instala en sus films un espíritu hopperiano in crescendo: sugiere historias que están más allá de las escenas, sus personajes se mueven en la soledad de las grandes urbes y le gusta adaptar sus escenografías en lugares de tránsito o intermedios.






Su serie más ambiciosa,  Face in the crowd fue presentada en  Corcoran Gallery of Art (Washington) a principios de este año y fue todo un éxito.



De su serie Face in the Crowd


Face in the Crowd es un trabajo fotográfico en gran escala realizadas por la autora (junto con multimedias) de personas reunidas en espacios públicos congestionados de lugares de tránsito: aeropuertos, vestíbulos, la playa o una sala de cine. 



© Alex Prager

En el límite entre la ficción y la realidad,  entre lo público y lo privado,  las fotografías de Prager promulgan narrativas psicológicas, entre la interacción social; característica discursivas que transmiten muchas de las pinturas de Hopper.





Hasta el miércoles!!



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